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Rosario

Corona Franciscana de las Siete Alegrías de María

Rosario franciscano tradicional de siete decenas en honor de las Siete Alegrías de María.

Nota EPO: La Corona Franciscana, también llamada Rosario de las Siete Alegrías de la Santísima Virgen, es una devoción franciscana de siete decenas documentada por la Orden Franciscana Seglar de Estados Unidos.

Su estructura tradicional se conserva aquí: cada alegría se contempla con 1 Padre Nuestro y 10 Ave Marías. Después de la séptima alegría es costumbre añadir 2 Ave Marías en honor de los años que una antigua tradición atribuye a la vida terrena de la Virgen.

Guía rápida

Antes de comenzar

Tipo
Corona Franciscana de las Siete Alegrías de María
Intención
Honrar las Siete Alegrías de la Santísima Virgen según la tradición franciscana.

Cómo se reza

1. La Anunciación

Forma tradicional: 1 Padre Nuestro y 10 Ave Marías mientras se contempla esta alegría de María.

2. La Visitación

Forma tradicional: 1 Padre Nuestro y 10 Ave Marías mientras se contempla esta alegría de María.

3. El Nacimiento de Jesús

Forma tradicional: 1 Padre Nuestro y 10 Ave Marías mientras se contempla esta alegría de María.

4. La Adoración de los Magos

Forma tradicional: 1 Padre Nuestro y 10 Ave Marías mientras se contempla esta alegría de María.

5. El Niño Jesús hallado en el Templo

Forma tradicional: 1 Padre Nuestro y 10 Ave Marías mientras se contempla esta alegría de María.

6. La Resurrección del Señor

Forma tradicional: 1 Padre Nuestro y 10 Ave Marías mientras se contempla esta alegría de María.

7. La Asunción y Coronación de María como Reina del cielo y de la tierra

Forma tradicional: 1 Padre Nuestro y 10 Ave Marías mientras se contempla esta alegría de María.

Al terminar

Es costumbre rezar 2 Ave Marías adicionales. Algunas formas antiguas añaden también 1 Padre Nuestro y 1 Ave María por las intenciones del Papa; esta práctica se presenta como costumbre histórica, no como requisito universal actual.

Oraciones tradicionales

Padre Nuestro

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.

Ave María

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor está contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Salve

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María! Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Nota final de EPO

Esta Corona tiene siete decenas y no debe reducirse a la estructura de cinco decenas del Rosario dominicano.

Acompañamiento espiritual de EPO

Meditación — El Poder de la Oración (EPO): La Corona Franciscana invita a contemplar las alegrías de María y, a través de ellas, la obra de Dios en la historia de la salvación. Recorre las siete alegrías con espíritu de gratitud, sencillez y alabanza, sin alterar la estructura tradicional de siete decenas.

Reflexión final

Después de recorrer las siete alegrías de María, permanece un momento en acción de gracias. La tradición franciscana convierte esta Corona en una escuela de alegría evangélica: mirar lo que Dios ha hecho y responder con confianza. Este cierre pertenece al acompañamiento editorial de EPO, no al texto tradicional de la devoción.

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