Cómo comenzar
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Dios mío, ven en mi auxilio.
Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Presenta ahora, en silencio, la intención por la que deseas ofrecer este Santo Rosario.
Primer Misterio Doloroso: La oración en el Huerto
Palabra para contemplar: Mt 26,36-39. Jesús ora en Getsemaní y entrega al Padre su angustia y su voluntad.
Meditación — El Poder de la Oración (EPO): En Getsemaní vemos a Jesús atravesar la angustia sin apartarse del Padre. Cuando el miedo pese sobre nosotros, Señor, enséñanos a permanecer contigo y a confiar aun cuando no comprendamos el camino.
Reza: 1 Padre Nuestro, 10 Ave Marías y 1 Gloria.
Segundo Misterio Doloroso: La flagelación de Jesús atado a la columna
Palabra para contemplar: Mt 27,26. Jesús es azotado y soporta el sufrimiento con mansedumbre.
Meditación — EPO: Contemplamos tu cuerpo herido, Jesús, y ponemos junto a Ti el dolor de tantas personas que sufren. Mira nuestras heridas con misericordia y no permitas que el sufrimiento endurezca nuestro corazón.
Reza: 1 Padre Nuestro, 10 Ave Marías y 1 Gloria.
Tercer Misterio Doloroso: La coronación de espinas
Palabra para contemplar: Mt 27,27-31. Jesús es burlado y coronado de espinas.
Meditación — EPO: Te humillaron y te cubrieron de desprecio, pero tu amor no cambió. Jesús humilde, acompaña a quienes son heridos por la burla o el rechazo, y líbranos del orgullo que hiere a los demás.
Reza: 1 Padre Nuestro, 10 Ave Marías y 1 Gloria.
Cuarto Misterio Doloroso: Jesús con la Cruz a cuestas camino del Calvario
Palabra para contemplar: Jn 19,16-17. Jesús carga la Cruz y avanza hacia el Calvario.
Meditación — EPO: Paso a paso llevas la Cruz hacia el Calvario. Cuando sintamos que nuestras fuerzas disminuyen, camina con nosotros, Jesús, y danos también ojos para reconocer a quienes necesitan que les ayudemos a cargar la suya.
Reza: 1 Padre Nuestro, 10 Ave Marías y 1 Gloria.
Quinto Misterio Doloroso: La crucifixión y muerte de Jesús
Palabra para contemplar: Lc 23,33-46. Jesús entrega su vida en la Cruz y se abandona en las manos del Padre.
Meditación — EPO: Ante la Cruz guardamos silencio y contemplamos un amor llevado hasta el extremo. Jesús crucificado, recibe nuestra vida, nuestros pecados y nuestras heridas; enséñanos a perdonar y a descansar en tu misericordia.
Reza: 1 Padre Nuestro, 10 Ave Marías y 1 Gloria.
Oraciones del Rosario
Padre Nuestro
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Ave María
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor está contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Oración final: Salve
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén.
Para concluir
Termina haciendo la señal de la cruz y entrega nuevamente a Dios la intención por la que ofreciste este Rosario.
Reflexión final
Al terminar los Misterios Dolorosos, no nos alejamos de la Cruz con desesperanza. Nos quedamos con la certeza de que Jesús ha entrado en el sufrimiento humano y que ningún dolor vivido junto a Él queda completamente solo.
Entrega ahora al Señor aquello que más te pesa. Pídele fortaleza para continuar, misericordia para perdonar y un corazón capaz de permanecer junto a quienes también sufren.
Puedes volver a este Rosario cada vez que necesites sentirte acompañado en una prueba o recordar que el amor de Cristo permanece incluso en las horas más difíciles.